Por los ultimos sucesos amanecí con deseos de hacer un ejercicio mental, un ejercicio que me hará retroceder en el tiempo para comprobar aquella teoría de que recordar el pasado te lleva revivirlo con todas aquellas emociones que llevaba envuelta, es así como relataré esta historia, así sabré si al contacto de las yemas de mis dedos con este teclado, el corazón late o no late.-
Hasta que tuve 19 años, nunca entable una relación de pareja, claro que si tuve muchos buenos amigos con los cuales disfrutaba más que solo una intima conversación, buenos amigos de los cuales aun conservo algunos desde la distancia autoimpuesta por respeto, afecto y decisión, por sublime autodeterminación en niveles que están por sobre cualquier otra cosa imaginada.-
Llegados mis 19 años, dentro de un terrible temblor que me tuvo al borde de la muerte a causa de un aborto efectuado artesanalmente en la casa de mis padres producto de un revolcón mal avenido en una plaza publica de mis barrios, revolcón dado con la calentura que te entrega el exceso de alcohol en el cuerpo y la falta de madurez para visualizar el futuro… en medio de aquello con varios kilos menos, más blanca de lo normal y ya despidiéndome de mis más grandes afectos, en aquella época solo dos eran, mi padre y mi hermana, entregada al destino que asumí en el instante que enterraba esa patilla en mi útero.-
Fue en esos tiempos donde uno de aquellos pinchazos del pasado sin trascendencia bien borrachos y rokanrroleados llegó a mi vida abriendo una puerta que bien sellada tenía, no por temor precisamente, sino que más bien por evitar la fatiga de meterse en una relación, llegado este ser, descubrí niveles de afinidad intelectual y confianza inimaginados para mi en ese momento, no podía creer que ese borracho sin fronteras tuviese un mundo interior tan amplio, donde mis contradictorias opiniones pudieran calzar junto con mi indiferencia hacia mi vida propia pero también mi gran interés político y religioso, donde se daba el caso de que ya no hablaba con mi sombra o una pared blanca sin intereses, sino que más bien, un ser humano real, con características de sabio vagabundo, hombre que tenía las orejas bien abiertas para escuchar las miles de cosas que tenia por decir recibiendo a cambio una opinión certera, libre de reproches y dogmas.-
Así se fueron dando las cosas, cada día después de clases eran interminables las conversaciones, yo seguía con aquella hemorragia que casi acaba con mi vida, la falta de glóbulos rojos me tenían sumida en una fuerte depresión que no se exteriorizaba a través de lagrimas, solo a través del deseo de por fin morir para siempre.-
Algunos meses duraron estas charlas, no podría describir ahora por no sentirlo todo el placer que sentí al lado de este ser único e irrepetible, mis ojos retomaron cierto brillo, volví a reír a carcajadas como suelo hacerlo cuando soy feliz, volvieron a mi vida los carretes que había dejado de lado por razones obvias, me dije: si voy a morir, que sea con la botella de vodka en la mano.-
Un día de aquellos, después de las clases del día sábado, partimos equipados con tallarines y una botella a la casa de su mejor amigo, se encontraba desocupada ya que el dueño se encontraba fuera de la ciudad, ebrios y risueños nos tendimos en el colchón ubicado en el cuarto matrimonial de aquella casa que aun en la actualidad veo todos los días, entre juegos amorosos y llenos de complicidad y perversión hicimos el amor… hasta el día de hoy puedo pensar que aquel coito llevaba mucho su cuota de milagro, primeramente por que sentí que volaba, ya no era un pene entrando en mi, o una lengua lamiendo mi vagina, era mucho más que aquello, era un ser que se había ganado de las mas extrañas maneras mi afecto, o más bien dicho mi amor, además, después de ese coito mi hemorragia dejó de existir, no hubo una sola gota más de sangre bañando mi cuerpo, el pene milagroso había curado mis heridas.-
Después de ese hecho sentí que no quería volver a separarme de él. Al otro día, mientras su existencia estaba sobre la mía lo abrace fuerte y le dije que lo amaba, era la pura verdad, yo era feliz.-
Así transcurrieron los meses y los años, juntos estabamos en las buenas y en las malas, inseparables hasta para defecar en el baño, juntos siempre, esa era nuestro destino según nosotros mismos, habíamos nacido para no separarnos jamás.-
Tres años aprox. duro esta historia, luego como todo comenzó a morir en la indiferencia y el estancamiento, mi amor ya había agotado todas sus fuerzas en las decepciones provocadas.-
Sucedió que un buen día tomados de la mano a la salida del metro las rejas, se acercó a el su gran amigo Bilbao, tan famoso por historia… pero bueno, eso es parte de otra crónica.-
Como conclusión, puedo relatar los hechos más bellos de la historia que se sembró, regó y cosechó, puedo volver atrás y mi presente sigue intacto, no siento amor ya por ese ser del pasado, no siento tampoco un afecto especial por el ser que amé, tampoco siento rencor por las cosas malas vividas que nos llevaron a separarnos, no creo que era mi destino vivir mi vida a su lado y reproducirme con él, mi destino era lo que vivo ahora, quien me acompaña es y era desde siempre quien sería el padre de mi hija,
solo que lo ignoraba por que no llegaba a a esa etapa de mi destino escrito, mi amor del pasado no era más que la preparación para el amor verdadero, donde estás dispuesta a tragar más excremento del que puedes defecar.-
Ahora si siento cosas por el generadas, pero en este presente, enfocados ambos nunca perdimos nuestra prometida y eterna amistad, sigo confiando en él como en pocas personas e confiado y confiaré y muchas veces le he dicho: " gracias hueón por todo, gracias por llevarme ese día a ese encuentro".-